Cultura e HIstoria en la Biblia PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Administrator   
Sábado 10 de Octubre de 2009 03:56

 

Cultura e Historia en la Biblia

 

Hacia un punto de Partida

                La Biblia siempre será generosa.  Se abrirá ante nuestros ojos ofreciéndonos lo mejor de sí dependiendo de lo que busquemos en ella.  Si buscamos novedades, encontraremos novedades;  si buscamos datos ciertos,  también podremos encontrarlos,  si buscamos verdades eternas,  también estas están.  Y si buscamos imperfecciones,  detalles que llamen la atención,  incoherencias en el relato y tantas otras cosas, también las podremos encontrar.  Y la Biblia seguirá siendo Palabra de Dios.

                Esto nos hace preguntarnos entonces por la naturaleza del objeto de estudio. Si deseamos estudiar la Biblia ¿cuál es su esencia?,  ¿qué es aquello inmutable que encontramos en sus páginas?  La Biblia es Palabra de Dios,  pero ¿cuál es el más profundo alcance de esta expresión?,  la Biblia es un mensaje vivo  ¿qué quiere decir esto?,  lámpara para iluminar el camino ¿cómo lo asimilaremos?.  En definitiva  ¿qué es la Biblia?.

                Una de las vías de comprobación de verdades eternas está en definir lo que es a partir de aquello que no es,  de tal forma que cuando he conocido todo aquello que la verdad no es,  logro quedarme sólo con esa verdad.  Sólo y sin palabras.  ¿Podríamos afirmar con certeza aquello que la Biblia no es?

                Si decimos que la Biblia NO es un Libro de Historia,  decimos relativa verdad, ya que si bien no es un libro de Historia a la manera nuestra, sí es, en algunas partes, un Libro de Historia a la manera en que los escritores bíblicos lo concibieron.

                Si decimos que la Biblia NO es un Recetario de indicaciones prácticas para la vida,  decimos también relativa verdad,  ya que afirmar esto sería desconocer una de las aristas de la sabiduría hebrea,  aquella que sustenta varios libros sagrados.

                Si decimos que la Biblia NO es un Libro religioso,  mentimos descaradamente,  pero corremos el riesgo de entramparnos tratando de explicar la presencia de OTROS libros religiosos en OTRAS culturas.

                Si decimos…  cualquiera sea la expresión que usemos, tendremos relativa verdad, porque la verdad de aquello que expresemos dependerá de la adecuación entre la Biblia,  como elemento objetivo, y la perspectiva que adoptemos. 

                ¿qué perspectiva tomaremos a lo largo de este curso?  Necesitamos decantar, y quedarnos con lo esencial para las intenciones de este programa.  Tomaremos la Biblia como un Producto Cultural que, mediante la aceptación y confirmación de la Comunidad de fe,  termina siendo descubierta como Palabra de Dios.

Un producto cultural

                Según Fernández Bugueño (2008), cultura es “el conjunto de todas las formas de vida y expresiones de una sociedad determinada”.  Esta definición, ampliamente difundida a través de Wikipedia, nos permite entender la cultura como este conjunto de manifestaciones del ser de un pueblo o sociedad, manifestaciones que evidencian la forma de sentir, comprender y proyectar la propia historia.  La sociedad que puso por escrito los relatos de la Biblia se expresó en su totalidad en el texto bíblico, al punto que leer la Biblia es leer a Israel,  y leer a Israel en la Biblia es colocarse a l lado de la comprensión que de sí mismo logró tener el pueblo elegido por Dios.  La Biblia es el gran producto cultural del Pueblo de Israel. 

                No obstante no podemos dejar pasar el hecho, objetivo, que lo que hoy conocemos como el pueblo de Israel,  el conjunto de personas instaladas en la tierra que colinda con el Líbano,  Jordania, Siria,  Egipto y el Mar Mediterráneo,  no agota, ni geográficamente, ni sociológicamente, al conjunto de personas que la Biblia identifica como el pueblo de Israel.  El Israel nómade de la Biblia,  que se sedentariza parcialmente,  amplia sus fronteras hacia el actual Iraq,  hacia Turquía,  hacia Chipre.

                Hablar del pueblo de Israel es hablar de un pueblo que ha sobrevivido a años y años de historia ingrata,  con una clara noción de ser un pueblo entre todos los pueblos y sin embargo receptores de una de las más grandiosas promesas hechas por Dios a la humanidad:  “Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios”.  El pueblo de Israel no es cualquier pueblo, por lo que la Biblia, en cuanto producto cultural,  es más que cualquier producto cultural de otro pueblo.

Aceptado por una comunidad

                No todos los escritos del pueblo de Israel figuran en la Biblia, un conjunto importante de ellos quedaron fuera, al momento de establecer cuáles sí eran palabra inspirada por Dios.  ¿Qué fue lo que hizo que unos escritos fueran aceptados como inspirados y no otros?  ¿qué determinó que unos y no otros tuvieran preponderancia en el momento de elegir aquellos que podrían significar un documento de importancia para el Pueblo en su comprensión religiosa?

                La aceptación de la comunidad, sin negar el carácter anterior de inspirados de estos escritos,  fue necesaria.  Dios habla en comunidad, a personas con características gregarias innegables.  A profetas, pastores,  sacerdotes,  agricultores, campesinos, potentados,  todos definidos en función de su relación con el resto.  Dios habla a personas que viven con personas,  con un mensaje destinado a personas.

                Estas personas durante muchos años han ido quedando como anónimas en la Biblia.  Habitualmente no nos preguntamos por los autores humanos,  y a muchos de ellos no los llegaremos a conocer, pero sí podemos adentrarnos en sus intenciones, sus fijaciones,  su proyecto de escritura.  En cada texto de la Biblia hay una persona, una comunidad,  que escribe,  que valida, que piensa en otros, y que selecciona, modifica, altera  y redecora lo vivido de manera que su mensaje original se mantenga y se transmita.  En una comunidad.

Confirmado en la fe.

                Este es el punto que hace de la Biblia un documento único ante el conjunto de los pueblos.  La experiencia del faraón Amenoteph IV,  que cambió su nombre a Akenathón  y promovió en Egipto en plena dinastía XIV  el culto monoteísta  al Dios Athón, el disco solar,  fue una experiencia arriesgada y actualmente anecdótica.  El faraón que intentó reemplazar el culto monolatrista  al Dios Amón,  intentando de paso desbancar la influencia política de sus sacerdotes,   con un culto inequívocamente monoteísta a un solo Dios, creador y padre de todos,  terminó siendo calificado de “faraón hereje”.  Su intentona religiosa  le llevó incluso, a juicio de algunos investigadores,  a descuidar la administración del Imperio,  ya que Dios era más importante que todo.

                Pero fue un intento pasajero, sin sustento,  sin capacidad de imponerse.  Faraón no pudo hacer que un pueblo entero aceptase a un solo Dios. 

                Años después, probablemente luego de una generación,  otro pueblo, errante y empobrecido,  se erige como poderoso  al declarar que había un solo Dios,  cuyo nombre era desconocido en su totalidad,  que erró desde El hacia Elohím, hacia Yah,  hacia Yahvéh.  Hacia el Dios que es.  Un pueblo que en su origen ni siquiera lograba definir el nombre de su Dios pudo imponer, ante todos los pueblos de la tierra,  la clara idea de que era uno sólo. Los demás dioses, sólo imagen (eidol= ídolo) de lo que todos los pueblos intuían de este Dios.

                El pueblo de Israel,  al ser comparado con el pueblo de Egipto, no fue el único ni el primer pueblo que intentó  definirse ante un solo Dios.  Fue el pueblo elegido por Dios para darse a conocer.  Y los textos que recogen esta inmensa realidad son nuestra Biblia.

Termina siendo descubierta…

                El proceso a través del cual lo escrito por el pueblo de Israel llega a ser comprendida y aceptada como Palabra de Dios es un proceso dinámico que recibe, en un momento especial,  el aporte de lo divino,  que hace que lo escrito sea vista como palabra siempre nueva,  en una mediación inesperada, con una actualidad eterna.  Descubrir el texto escrito como Palabra de Dios puede ser comparado únicamente con la experiencia del profeta cuando exclama  cuando encontraba tus palabras las devoraba, porque eran alegría para mi corazón” (Jer. 15, 16).

                Descubrir la Biblia es confirmar la textura de la Biblia en cuanto novedad permanente, Dios, el eterno,  es el Santo de los Santos:  Siempre otro y siempre nuevo.